Piczo

Log in!
Stay Signed In
Do you want to access your site more quickly on this computer? Check this box, and your username and password will be remembered for two weeks. Click logout to turn this off.

Stay Safe
Do not check this box if you are using a public computer. You don't want anyone seeing your personal info or messing with your site.
Ok, I got it
Volver a la página de inicio
COPAS INTERCONTINENTALES
1961

Peñarol venía de obtener su segunda Copa Libertadores de América, y nuevamente debía enfrentar a un rival europeo, para definir la Copa Intercontinental, que el año anterior estuvo muy cerca de ganarse.

El equipo europea era el poderoso Benfica de Portugal, que venía arrazando en Europa y había destronado al Real de Madrid, cortando su supremacia de cinco años en el continente, y contaba con una delantera deslumbrante: José Augusto, Santana, Aguas, Coluna, Cavem.

Buscando la oficialización de la copa, vijaron a Berna los dirigentes de Peñarol Cataldi y Parrabere, manteniendo contactos con los dirigentes del fútbol portugués. Esta misión fue un éxito, logrando la autorización para intervenir en la copa y la promesa de oficialización del torneo intercontinental por parte de la FIFA.

El primer encuentro se disputó el 4 de setiembre de 1961 en el Estadio "Da Luz" de Lisboa, cayendo 1 a 0, con gol de Coluna, aunque existió el convencimiento de que se pudo obtener un mejor resultado.

La revancha se jugó en el Estadio Centenario, el 17 de setiembre, en tarde primaveral, donde el manya le caminó por arriba al Benfica, derrotándolo por 5 a 0, con dos goles de Spencer, dos de Joya y uno de Sacía, forzando un tercer partido.

La finalísima se jugó dos días después, en la noche del 19 de setiembre. Peñarol salió al campo de juego con: Maidana, Martínez, Cano, González, Goncalvez, Aguerre, Cubilla, Ledesma, Sacía, Spencer y Joya. Benfica realizó varios cambios que le cambiaron la fisonomía al equipo portugués, mejorando su performance, como fueron las inclusiones del zaguero Humberto y del delantero Simoes, y nada menos que el famoso Eusebio, que iniciaba su gran carrera en el Estadio Centenario.

Esta vez Peñarol ganó por 2 a 1, con dos goles de Sacía, mientras que Eusebio descontó para el Benfica. Por primera vez el Estadio Centenario festejó eufóricamente un título de campeón mundial de clubes.


LAS FINALES
En aquella epoca eran partidos de ida y vuelta, si empataban en puntos, habia un tercer partido en la cancha de alguno de los dos equipos involucrados en la final (sorteo)

4 de Setiembre
Estadio Da Luz
Benfica 1 - 0 Peñarol
Formacion: Luis Maidana, William Martínez, Núber Cano, Edgardo González, Néstor Gonçálvez, Walter Aguerre, Ernesto Ledesma, Luis Cubilla, Angel Cabrera, Alberto Spencer, José Sacía.

17 de Setiembre
Estadio Centenario
Peñarol 5 - 0 Benfica
Goles: Spencer x2, Joya x2, Sacia
Formacion: Luis Maidana, William Martínez, Núber Cano, Edgardo González, Néstor Gonçálvez, Walter Aguerre, Luis Cubilla, Ernesto Ledesma, Alberto Spencer, José Sacía, Juan Joya.

19 de Setiembre
Estadio Centenario
Peñarol 2 - 1 Benfica
Goles Sacia x2
Formacion: Luis Maidana, William Martínez, Núber Cano, Edgardo González, Néstor Gonçálvez, Walter Aguerre, Luis Cubilla, Ernesto Ledesma, Alberto Spencer, José Sacía, Juan Joya.
1966

Peñarol venía de obtener el tri-campeonato de América, con la sensacional victoria en Santiago frente a River Plate, y ahora el Real de Madrid estaba en el camino hacia la gloria mundial.
El sensacional equipo merengue venía con una racha impresionante de haber participado en las once versiones de la Copa de Europa, ganándola en seis oportunidades.

La primera final se disputó en el Estadio Centenario, Peñarol no venía bien en el uruguayo, pero al llegar este partido los aires cambiaron y empezaba a escribirse una nueva historia llena de gloria. El manya ganará esta primera final por 2 a 0, donde se destacaron Goncalvez, Abbadie, Rocha y Spencer. Real Madrid realizó una marcación pegajosa, siguiendo al rival por todos lados, pero los últimos veinte minutos fueron de verdadero "toque" aurinegro, con muchos "olés" que nacian de las cuatro tribunas repletas.
Peñarol formó con: Mazurkiewiez, Lezcano, Varela, Forlán, Goncalvez, González, Abbadie, Rocha, Spencer, Cortés y Joya. Real Madrid lo hizo con: Bentancor, Pachín, Sanchis, Ruiz, De Felipe, Zoco, Serena, Amancio, Pirri, Velázquez y Bueno.
La prensa española ya daba por ganada la revancha: Lo que había sucedido el 12 de octubre en Montevideo no tenía ninguna importancia para ellos, considerando que los había perjudicado el estado del campo de juego, que no era como el del Bernabeu, y alli los "merengues" le iban a pasar por arriba a Peñarol. Los pasajes para el tercer partido en Lausana ya estaban sacados y se anunciaban excursiones para los fanáticos madrileños.
Los aurinegros llegaron sin ruido, sin alharacas, sin declaraciones rimbonbantes. Máspoli, director técnico de la escuadra mirasol, declaró antes del partido: "A Gento lo marcaremos en forma escalonada. Abbadie en el arranque, luego Tabaré González y después (si pasa) le saldrá Lezcano al cruce. Caetano irá "a muerte" con Serena que es hábil y peligroso. Lezcano y Varela en el fondo esperando a Grosso y Amancio. El "Tito", Rocha y Cortés en el medio campo y el contragolpe de los dos morenos (Spencer y Joya) arriba. Trataremos de aguantar el empuje inicial local, que será muy bravo, para poco a poco ir saliendo a hacer nuestro juego, a traer al Madrid al ritmo que más nos conviene".

Toda Europa (Eurovisión mediante) vio el partido final. Real de Madrid marcó nueve goles en la práctica y su favoritismo se incrementó, aunque Ferenc Puskas, puso su voz de alerta: "Peñarol es un cuadro que mete miedo".
El 26 de octubre de 1966 Peñarol salió a la cancha con: Mazuerkiewiez, Lezcano, Varela, González, Goncalvez, Caetano, Abbadie, Rocha, Spencer, Cortés y Joya, derrotando al Real de Madrid por 2 a 0, con goles de Rocha de penal y Spencer

LO QUE DIJO LA PRENSA POR EL MUNDO
"ABC" de Madrid: Peñarol estuvo sencillamente genial. Todos son hombres de clase";

"MARCA": "Una escuadra de clase internacional que se ha formado en cien combates";

"DIARIO de Barcelona": "Todo el equipo en alto nivel";

"MADRID": "Indiscutible superioridad técnica uruguaya";

"CORRIERE DELLO SPORT" de Roma: "Espléndida lección de juego";

"GAZZETTA DELLO SPORT" de Milano: "Un primer tiempo que es una lección de como se debe jugar de visitante";

"EL MUNDO" de Buenos Aires: "Peñarol, el legendario, el de las repetidas hazañas, el uruguayo al fin, se consagró ayer limpiamente

LOS PARTIDOS
12 de Octubre
Estadio Centenario
Peñarol 2 - 0 Real Madrid
Goles: Spencer x 2
Formacion: Ladislao Mazurkiewicz, Juan Lezcano, Luis Varela, Pablo Forlán, Nestor Gonçálvez, Tabaré González, Julio C. Abbadie, Pedro V. Rocha, Alberto Spencer, Julio C. Cortés, Juan Joya

26 de Octubre
Santiago Bernabeu
Real Madrid 0 - 2 Peñarol
Goles: Spencer, Rocha
Formacion: Ladislao Mazurkiewicz, Juan Lezcano, Luis Varela, Tabaré González, Nestor Gonçálvez, Omar Caetano, Julio C. Abbadie, Pedro V. Rocha, Alberto Spencer, Julio C. Cortés, Juan Joya.
1982

La siguiente es la nota publicada en "El Gráfico" dos días después: "Hay instantes donde los equipos que se abandonan a sus destinos, que se entregan al genio de algunos hombres o perecen, como siguiendo una ley misteriosa que les ordena trascender o destruirse. Así le ocurrió a Peñarol. Las oleadas de atacantes ingleses iban a sucumbir ante el sólido peñón aurinegro, comandado por el glacial coraje de Gustavo Fernández, y la resistencia de Saralegui, Bossio, Olivera y Gutiérrez.  
Y el ataque de Peñarol, mutilado en el deambular ineficaz de Morena, parecía depender de otro acierto personal, como aquel tiro libre de Jair ante Flamengo en Maracaná. Aston Villa tiene en su médula el fútbol inglés de siempre. La lucha como emblema, la carrera como axioma, el juego aéreo como síntesis ideal y el pase de líneas rectas, como si se movieran siguiendo los dictados de la geometría de Euclides. En la cancha prevalecía ese estilo, ante la espera de Peñarol que naufragaba en la otra mitad del planteo, porque adelante nadie era capaz de retener la pelota. El corpulento Peter White parecía convencido de que también podía definir la Copa Intercontinental, como ganó la Europea ante el Bayern Munchen en mayo. Fuerte, fortísimo, se elevaba y desde allá arriba, donde llegaba siempre solo, bajaba la pelota que afortunadamente para Peñarol nadie recogía. Rotó por todos lados, tocó, forcejeó, anularlo era el problema aurinegro.
A los tres minutos, Cowans reventó un pelotazo en el poste cuando la estirada de Gustavo Fernández no alcanzaba. Y recién a los diecisiete minutos aparecía Morena maniobrando en el área chica y rematando débil de derecha. Pero cuando el partido se balanceaba en ese entregarse al destino de los equipos, apareció Juan Vicente Morales cortando un pase de White a Morley, un diestro que se mueve en general por la izquierda y salió jugando lentamente, apelando a quién sabe qué ancestral señorío de algún campito perdido en su infancia futbolera. Pasó de largo Shaw, levantó la cabeza y cortó para Jair. El brasileño la pasó por encima de Mortimer. Allí apareció un Peñarol comenzando a trascender alejándose de la destrucción que le arrastraba el dejarse llevar en esa competencia que imponía el Aston Villa: una lucha física. Entonces el asombro de los japoneses que explotaban con los larguísimos saques voleados de Rimmer o la fuerza inglesa en todo el campo, cambió de tono. En vez de asombrarse por la exhibición, comenzó a cautivarse por la sutil elegancia de Jair, el toque preciso de Morales, el esquivo imprevisible de Walkir Silva.
Entre ellos empezaron a poner las cosas en su sitio y desde allí arrancó el sensacional triunfo aurinegro, porque todo se centraba en establecer claramente las diferencias. De un lado, el fútbol de las Islas, que se empecina otra vez en marchar contra la historia al no adaptarse al ritmo de los tiempos y sus cambios, como si en sus vestuarios se oyeran todavía los himnos con que Rudyard Kipling cantaba las glorias del Imperio. Había oído maravillas de Mortimer, de Shaw, pero sólo son magos entre sus pares.
Del otro lado, el ingenio latino, que es capaz de oponerse a la velocidad y al espíritu de reacción. Por ejemplo, la habilidad aún inexperta de Walkir Silva, que llegó hace cinco meses desde Rivera y ni siquiera soporta un entrenamiento porque jamás lo conoció, pero que puede volverse inalcanzable para los adversarios. Así se balanceaba el partido cuando a los 27 minutos Ken McNaught empujó a Morena siete metros del área, de frente al arco de Rimmer. Jair, que ya dominaba buena parte del partido, le pegó por encima de la barrera. Allá fue Rimmer, la manoteó, dio en el poste, se elevó y giró hacia el medio del arco, por el efecto que llevaba al picar y traspuso la línea antes de que legara la zurda de Morena. Si algo faltaba era ese toque de subyugante precisión, que apartó al partido del fragor de un combate medieval y lo llevó a donde quería Peñarol: a jugarse en el terreno dispar de las habilidades. El público reaccionó ante el impacto del gol. La victoria y la derrota hasta ese instante, rayos de una misma luz, se apartaron para siempre. Saralegui, Bossio, Olivera y Gutiérrez se erigieron en columnas que evitaban llegar a pelotas comprometidas a Gustavo Fernández, que apenas bajó algunos centros como para decir quién era el arquero.
Se fue el primer tiempo. Regresaron, y monótono, monocorde, impasible, vayan como vayan las cosas, el Aston Villa seguía lanzando sus oleadas ofensivas y regresando vencido.
A Peñarol le faltaba quien adelante fuera capaz de seguir lo que dictaban Morales y Jair. Apareció entonces el estilo imprevisible de Walkir Silva, y esa maquiavélica elegancia de Venancio Ramos, que retrocedió hasta el Mundialito, para reencontrarse con aquel fútbol. A partir de ahí, los diez minutos del segundo tiempo, en Peñarol recién coincidieron las aptitudes con las funciones. Los que desarmaban atrás, los que hacían en el medio, los que ridiculizaban a los rivales sin proponerse ridiculizar en las puntas.
Ramos llegó con la pelota en sus pies y pareció haber asestado ese toque de malicia que termina en una sonrisa. Silva arrancaba sin saber él mismo dónde podía terminar, y en un arranque así, terminó el partido. Iban 67 minutos cuando recibió de Ramos entre Williams y Evans, arrancó derecho al arco con esa "insensata ingenuidad" que trae bien de adentro y lo lleva a desafiar a los guardias de Su Majestad, aguantó el desesperado foul de Mc Naught y remató sobre la salida de Rimmer, rebotó en la recarga, se halló con la pelota, el arco libre y un partido del tamaño del mundo definido...
Siguió la más dramática parte del encuentro. Los ingleses, inclaudicables en su carencia de imaginación, siguieron imperturbables atacando como al comienzo. Peñarol supo que estaba en los umbrales de la gloria y acomodó las cosas de tal modo que hizo del estadio un gran escenario para lo que estaban ofreciendo.
Silva perdió un tercer tanto en el que nadie reparó. Un Peñarol seguro en su destino de campeón quiso ofrendar al ambiente de teatro que son los partidos en Tokio, su parte de festival. Aportó los pasos sencillos y nostálgicos de los tangos, tan cerca y tan lejos del pueblo japonés. Su fútbol se hizo intimista, sereno, cadencioso. Hasta los hombres más "opacos" emitieron sus fulgores.
Y ese pueblo que está en nuestras antípodas, en mil sentidos, que escribe y lee de derecha a izquierda y de arriba a abajo, que se saca los zapatos y no el sombrero a la entrada de las casas, donde las mujeres se apartan y reverencian a los hombres, entendió el mensaje final.
Hacer las cosas estériles y complicadas fue la vulgaridad del Aston Villa; convertirlas en fáciles fue la lección del Campeón del Mundo."

LA FINAL
12 de Diciembre
Nacional de Tokyo
Peñarol 2 - 0 Aston Villa
Goles: Jari, Silva
Formacion: Gustavo Fernández, Victor Hugo Diogo, Walter Olivera, Nelson Gutiérrez, Juan Vicente Morales, Mario Saralegui, Miguel Bossio, Jair, Venancio Ramos, Fernando Morena, Walkir Silva